Los superalimentos

En la Fisiología del gusto, el gastrónomo Brillat-Savarin escribió: “Dime lo que comes y te diré quien eres”. Aunque sería muy excesivo catalogar a alguien como basura por ser un adicto a la comida-basura, no hay duda de que la alimentación es fundamental para la salud. Y la salud es un compendio del equilibrio físico y mental. Una mala alimentación puede resultar en bajos niveles de energía, pobre rendimiento intelectual, hiperactividad o depresión, y todo tipo de dolencias crónicas. Podría parecer paradójico que en esta época de abundancia haya tanta gente que mantiene hábitos de nutrición deficientes, aunque no tanto si se considera que la oferta para el consumidor está saturada de azúcar, sal, y productos ultra-procesados. Antiguamente había mucha gente que moría de hambre; ahora los hay también, pero bastantes menos de los que mueren por comer mal y demasiado.

En el extremo opuesto de los hábitos de nutrición hay grupos que se podrían calificar como hipocondríacos de la comida: gente que quiere cuidarse tanto que calculan su ingesta caloría a caloría y evitan absolutamente cualquier producto que no sea “órganico”. En principio, tal actitud ante la alimentación podría parecer positiva, pero como en todo, con la obsesión llega el desequilibrio. Y de todas maneras, los alimentos “orgánicos” muchas veces no lo son realmente. La FAO publica una lista de sustancias permitidas para la agricultura ecológica que incluye azufre, permanganato de potasio, hidróxido de cobre, sulfato de cobre, aceite de parafina, metaldehídos… Algunas de estas sustancias pueden ser altamente tóxicas. Una agricultura absolutamente ecológica es una entelequia, y muchas veces es una estafa a precios prohibitivos. Con todo, a algunas personas les puede hacerse sentirse mejor por el efecto placebo.

Hay varias personas obsesionadas con dietas cuando menos peculiares. Muchos culturistas, en su obsesión por hipertrofiar su musculatura y eliminar la grasa corporal, recurren a dietas descompensadas, en las que la proporción de proteína es altísima y la de hidratos de carbono casi nula. Son habituales las tortillas de media docena o más de claras de huevo, los productos lácteos desnatados, las proteínas en polvo, los suplementos multivitamínicos… El modelo al que se quiere emular no es el del David de Miguel Ángel, sino el de los superhéroes de los cómics de Marvel o DC. La imagen es más importante que la salud. 

Algunos actores y cantantes famosos, seguramente aterrados por el paso del tiempo, se alimentan de forma extravagante. La dieta de Jennifer Anniston consiste en 15 papillas para bebé al día. Kylie Minogue, cuando quiere perder peso, sólamente toma pomelos durante diez días. Mariah Carey prefiere comer tres veces a la semana alimentos de color morado, como la berenjena, el boniato púrpura, el arándano, la col roja… Estas peculiaridades frecuentemente van asociadas a tratamientos dermatológicos inusuales. Ninguna de estas famosas excéntricas seguramente llega al nivel de Elizabeth Bathory, de la que se dice que se bañaba en la sangre de mujeres vírgenes que asesinaba para mantener su juventud, pero su proceso mental no es demasiado diferente: la creencia en la capacidad mágica de ciertas combinaciones de alimentos y cosméticos para detener el inexorable paso del tiempo.

Actualmente los llamados superalimentos son el elixir de la eterna juventud para los narcisistas que han llegado a cierta edad. Siempre han existido alimentos con propiedades muy saludables, como la miel, el ajo, o el gengibre, refrendados por la sabiduría popular, abundantes en el mercado y asequibles. Productos conocidos de toda la vida. Los astutos comerciantes que manipulan la opinión pública y conocen bien sus obsesiones han sabido promocionar alimentos más exóticos, y desde luego mucho más caros, a los que se adjudican propiedades milagrosas. Quinoa, chia, maca, moringa, goji, espirulina… el catálogo es amplio. La palabrería de los publicistas, según la moda del momento, incluye machaconamente términos como anti-oxidante, omega-3 o fitonutrientes; tiene pretensiones de lenguaje científico, pero realmente no es mucho más que alquimia. Como cualquier persona sensata sabe, hay que comer de todo, y con moderación.