Heráldica

La heráldica es el estudio de los escudos de armas de reinos, ciudades y linajes. La palabra “heraldo” procede del francés héraut, que significa “mensajero”; originalmente los heraldos eran mensajeros de los reyes. En tiempos modernos, es un nombre bastante común de varios periódicos, como el International Herald Tribune.

No debe sorprender que la representación de un reino o familia perteneciente a la nobleza fuera su escudo de armas, ya que una de las funciones principales de la aristocracia era servir militarmente al rey, y una de las relaciones más habituales entre reinos era la guerra. El escudo de armas era la tarjeta de visita de los ejércitos en sus conflictos exteriores, así como el distintivo de los caballeros en los torneos medievales. En cierto sentido, la palabra “heraldo” no ha evolucionado demasiado, ya que los periódicos son en demasiadas ocasiones los mensajeros de la guerra, utilizando toda clase de propaganda para justificar la guerra contra otros países.

La heráldica, como descripción de signos, es una parte de la semiótica, y sus elementos tienen significado por su simbolismo y por asociación. Un escudo de armas tiene una forma, unos colores y unas figuras que representan a su dueño, y se transmite de forma hereditaria.

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El simbolismo de animales como el león y el águila, dos clásicos de la heráldica, es bastante obvio, y el de un animal mitológico como el basilisco (monstruo que podía matar con su mirada) sería evidente para cualquier persona en la Edad Media.

La heráldica es, pues, un lenguaje visual con sus propias reglas y, como todo lenguaje, su propia evolución. En su Guía completa de la heráldica(1904), Arthur Fox-Davies afirmó:

“La heráldica no es una ciencia muerta, sino una realidad viva, que todavía está lentamente desarrollándose y alterando y cambiando sus leyes como es adecuado a las costumbres y maneras del presente; pero mientras que el rey tenga el poder de crear una nueva orden, y dotarla de insignias heráldicas, no tiene sentido tratar a la heráldica como una ciencia incapaz de proseguir su desarrollo, o como ciencia que en tiempos recientes no ha alterado sus leyes”

Ciertamente, la heráldica ha evolucionado, aunque quizás no en una forma tan simplista. No hay muchas monarquías en la actualidad, y las que hay no otorgan títulos nobiliarios con frecuencia.  Hoy en día, sin embargo, hay un campo en el que la heráldica parece pervivir, y es el campo de fútbol. Cada equipo de fútbol tiene su escudo, que visualmente debe mucho a los antiguos escudos de armas. Los futbolistas son los nuevos caballeros, y el campo de fútbol es el campo de batalla, donde se decide jornada a jornada el honor del vencedor y la deshonra del vencido.


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Es una batalla tan rutinaria como irrelevante, y sin embargo para muchísimos alienados hinchas de fútbol les proporciona identidad, comunidad y sentido de la vida. Sobre todo, les proporciona un enemigo. El hooligan pertenece a un club de fútbol como un siervo hacia su señor feudal, y está dispuesto a luchar por él, a veces incluso hasta la muerte.  El hooligan, típicamente un borracho con tatuajes -otra nueva forma de heráldica- invade otras ciudades y otros países como un vándalo, y es una ilustración de que en la historia, el tribalismo no se crea ni se destruye, sino se transforma.